Desde antes del tiempo

miércoles, diciembre 24, 2008



lunes, octubre 13, 2008

Otoño




Que extraño el olor de la niebla en otoño. Huele a hojas secas, a humedad concentrada. Huele a amores perdidos y felicidades encontradas.
Arrebujándome en mi tapado contra el frío de la tarde, miré a mi alrededor: mujeres cercanas a los 40, profesionales, muy profesionales, gordas, flacas, rubias de verdad y de prestado, unidas todas por el dolor, tal vez más por el espanto.
Nunca leo la necrológica del diario, supongo que por una cuestión de cábala. Pero anteayer a la mañana se me cruzó no sé qué planeta con otro y cuando llegué a la Pág. Xx, no la saltée como siempre, y así me fue. Entre toda esa tristeza, un recuadro resaltó sobre lo otros: Julieta Pilar del Monte, tus padres y hermana etc, etc, etc
A los pocos minutos los teléfonos de la clase del ´86 empezaron a sonar, y voces que no escuchaba hacía más de 15 años me remitieron a mi último año de secundario: las discusiones con las profesoras, las reuniones previas al viaje de egresados, los sueños de cada una para el futuro, carreras, materias, bailes, novios. Todo se agolpó en mi cabeza en segundos, y en cada uno de esos recuerdos, la espigada figura de Juli: quería ser actriz, o médica, a veces bióloga para salvar pingüinos. Juli quería ser todo y nada al mismo tiempo.
Juli no era de mi grupo, pertenecía a las chicas cancheras, de esas que tienen casas en countries, y usan ropa de moda, antes de que se ponga de moda. Amaba a Maddonna, incipiente cantante americana y se quería parecer a ella. Pero a diferencia de las otras “estiradas”, Juli se llevaba bien con todo el mundo. Nunca estudiaba, pero siempre la perdonaban, y, a pesar de lo que su grupo decía, se hacía amiga de todas: la “nerd”, futura ingeniera, la “gorda” que se excusaba en la diabetes de algún familiar para no preocuparse por su peso, y nosotros las “nif”, ni fu ni fa, ni un extremo ni el otro. Si hubiera tenido que describirla, lo hubiera hecho diciendo que estaba llena de vida.
Y ahora, me hallaba junto con toda la 1era división del Liceo Nacional de Señoritas, en ese parque eternamente verde, que vende paz hasta a los que no pueden con ella.
Miré una a una a esas mujeres, reunidas por primera vez desde que dejáramos el cole hacía ya varios (muchos varios) años. Y me dediqué, como siempre, a inventarle la historia a cada una de ellas, guiándome por su ropa, por su forma de pararse, por su forma de mirar, y por lo que yo sabía de cada una de ellas. Y me equivoqué.
Ahí estaba Fernanda, casada con su eterno novio desde los quince años, después de un tórrido romance con alguno en Bariloche: ama de casa, tranquila, feliz con su hija.
O la “Gorda”, igual de gorda, que vino desde el Sur, adonde era maestra rural y con hijos casi adolescentes. ¡Guau!, que temprano empezó.
La nerd, y las medio nerds, una en el CONICET, otra trabajando en la Fundación Favaloro, una tercera, genio total en matemática, y publicitarias, marketineras, masajista especializada en eutonía, normales. Vivían su día a día más o menos felices, todas contentas con su rutina.
El grupo de las cancheras fue el más decepcionante, con carreras comunes, ninguna actriz, cantante o famosa, uno que otro hijo, algún divorcio o solteras, y habiendo cruzado la barrera de los treinta, con apuro.
Las dos preguntas más importantes del día:¿Estás casada? y ¿tenés hijos?
A la que contestaba que no, todas la miramos con cara de “pobre”. Porque en ese momento, en este momento, me di cuenta de que no importa lo que hayamos sido, querido ser. Lo importante, siendo mujer, hoy, en el siglo XXI, sigue siendo lo mismo que siempre, desde que el mundo es mundo: la capacidad de reproducirnos, o dicho en forma más amorosa, como la madre que soy, tener uno, dos, tres soles, que nos llenan la vida, más allá de cualquier carrera profesional. Porque, ¿quién cambia una gran cuenta bancaria por dormir una siesta con olor a bebé en sus brazos?
En fin, la vida se ocupó de equilibrarnos o, tal vez, de demostrarnos que del polvo venimos y allí volveremos, y que, mientras tanto, somos todas iguales.

lunes, mayo 19, 2008

LA NADA

Estoy en una etapa de desconcierto y hasta el nombre del blog quiero cambiar. LA literatura sigue siendo lo mío, pero el arte huye para otros lados y en un mandala risueño plasmo ideas que ni claras tengo. Cuán perdida, en un año en que pensé que todo sería claro, “cristal” lo llamarían los yanquis.

Las crisis vienen sin que una las llame y relacionarlas con la edad, el cambio de década o unidad me parece trivial, banal, diría.

Juguemos a pensar en que todo pasa y (lo que) todo queda sea más que un recuerdo, sino una enseñanza para una y así después dejarla como legado a los que vienen detrás con paso firme y sin perdonarnos ni un error.

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viernes, abril 04, 2008

Que las hay, las hay!!


Mi tío Luis no era supersticioso. Al contrario, para mí que desafiaba las leyes de la “cábala” en forma adrede: si había una escalera, él pasaba por debajo, jamás tiraba sal sobre su hombro si derramaba un poco fuera del plato, cada vez que viajaba, se embarcaba un día 13, y ni siquiera se tocaba “las partes” cuando alguien nombraba lo innombrable. Lo único que no pudo hacer un día 13 fue casarse porque mi tía se negó, y ahí el amor fue más fuerte. Pero el resto, era conocer una cábala para que mi tío Luis le llevara la contra. Hasta que apareció ese gato negro.
-Lucifer. Te juro Clarita, que era el mismísimo Lucifer en su forma gatuna-lloraba después mi tía Marita.
A los casi 70 Luis y Marita tenían una buena vida. Habían festejado sus 40 años de casados, tenían hijos grandes, todos profesionales con buenos trabajos y una caterva de nietos. La empresa de limpieza de oficinas que le hubiera heredado su padre había crecido bajo el manejo del tío Luis y a esta altura de la vida se podía dar el lujo de aparecerse algunos días a la semana cerca del mediodía sólo para no perderle el gustito al trabajo.
Los viernes temprano se iban para Garín, donde tenían una casa-quinta con pileta y un parque grande con árboles frondosos, al que había puesto un par de arcos de fútbol para que disfrutaran los nietos y sus amigos.
La casa-quinta era su “pet”. Tenía un jardinero, pero la mayor parte del trabajo lo hacía él. Se había comprado un pequeño tractor para cortar el césped, tenía todos los elementos para cuidar la pileta: el barrefondo, el medidor de cloro, el medidor de acidez del agua, diversas marcas y tipos de cloros y clarificantes que usaba según la temperatura. Dedicaba horas enteras a su cuidado. Se levantaba temprano, se calzaba un sombrero de granjero americano y empezaba a sacar hojas.
Esa mañana mi tío Luis tomaba café mirando por la ventana de la cocina cuando vio que un gato más negro que la noche se acercaba a la pileta. El tío Luis no lo podía creer.
-Mira Marita, un bicho negro cerca de mi pileta!! Si será caradura el bicho
-Dejalo Luis, es un pobre gato. Qué le puede hacer a la pileta.
-Pero esta cerca de MI pileta.
-Qué exagerado Luis!
El gato en cuestión se acercó todo lo que un gato se puede acercar al agua y desde allí con todo el descaro que le fue posible miró fijamente a mi tío por unos largos segundos y luego se fue.
Desde ese día, cada mañana en la casa quinta era igual, y cada noche mi tío soñaba con el gato negro y las parrandas que éste hacía con otros de su especie en la pileta. La obsesión del tío se convirtió en tema de chanza para la familia y nunca faltaba que alguien le preguntara por el gato y él murmurara algo inteligible.
Una madrugada a finales de un otoño irregular mi tío Luis se levantó más temprano que de costumbre, y aunque todavía la luna daba vueltas por el cielo, se puso su sombrero de paja y con una gomera se sentó a esperar al gato.
Un “gatodemierrr...” seguido de un gran “splash” despertaron a mi tía Marita, que salió, asustada, en camisón y ruleros de “doña Florinda” para ver a mi tío Luis flotando boca abajo en la pileta, y al gato sentado en el borde “sonriendo Clarita, sí sí, te lo aseguró”-contaba entre llantos sentada al lado del cajón-“una maldición de gato negro que se le cruzó a Luis, lo hizo tropezar y romperse la crisma”

jueves, marzo 13, 2008

Volviendo


A mi me gustan los detalles: los bolsillos de la cortina de baño que resguardan hojas inmensas de un otoño olvidado; descubrir entre los libros una biografía polvorienta de Horacio Quiroga al lado de la Guia Verde Michelin de Paris;
adivinar que Popi recorre remates y rescata antigüedades como ese aparato de dos rodillos, parecido al de hacer tallarines que servía, hace unos siglos, para planchar los cuellos del señorito de la estancia.
Descubrirme agotada y dormir tranquila en brazos de mi marido a pesar de los miles de ruidos y sospechas de insectos y alimañas que nos rodean.
La paz de la casa de campo es real y contundente, todavía no me dejo ganar por ella: “I´m a city girl”. Pero llegamos anoche y el silencio rotundo avanza y oh sorpresa me provoca, entonces después de 4 meses ESCRIBO.
Si el campo ha logrado eso, el marcador va: campo 1 city girl 0.

viernes, noviembre 23, 2007

Al gran Freddie Mercury (1946-1991)

Terminé la primaria el año que Queen vino, por única vez, a la Argentina. Me lo perdí, obviamente. O tal vez no tan obviamente para esta época. Pero hace 26 años atrás a nadie se le hubiera ocurrido llevar a una nena de 12 años a un recital en Velez.
Diez años más tarde, la muerte de Freddie Mercury me sorprendió trabajando en un diario. Recuerdo que lloraba, llorábamos todos, cuando nos llegó el cable. El homenaje le tocó a un compañero con más experiencia en música y más años en el rubro. Y me quedé con las ganas.
Hoy, gracias a la magia de la web me doy el gusto y bloggeo un video de Queen. Pero sobre todo, me doy el gusto de emocionarme cuando escuchó a mis hijos canturrear por la casa “Don´t stop me now” o alguna otra tonada de la mítica banda. Y me doy cuenta de que las cosas buenas, las realmente buenas, perduran en el tiempo. Y vuelvo a llorar, como hace 16 años, cuando el mundo se enteró de que se había apagado una gran voz.



jueves, septiembre 27, 2007

What




What if I decide not to speak anymore
What if I declare I´m not worth to be heard anymore
And what if my best words are just rubbish from the soul

What if I decide not to be anymore
What if I declare I wont cry anymore
I think I should try it
Just for one day in any case
So may be after my pledge of total silence
Of my pledge of total nonbe
My words, the ones from my soul would be heard
By millions of people
Who think
I´m woth it just because of being me